A setas o a Rolex, entre la transición ecológica o la transición digital

El silicio es el segundo elemento químico más abundante en la Tierra, solo por detrás del oxígeno. También se trata de una de las materias primas más demandadas en la economía actual al emplearse en cerámica técnica, en la fabricación del hormigón y de los ladrillos de la construcción, así como en algunos tipos de cemento. También se usa en los láseres y en los transformadores eléctricos e innumerables productos cotidianos. Finalmente, el silicio se utiliza, sí, para la fabricación de circuitos integrados (microchips) y, además, para la producción de células fotovoltaicas, que componen los paneles solares.



Sin embargo, muy raramente el silicio se presenta puro en la naturaleza, por lo que, para la fabricación de microchips o de paneles solares debe ser sometido a una costoso y elaborado proceso de fundición, que da lugar a lo que se denomina “silicio metalúrgico”. A partir de aquí, hay que “decidir” si se destina el metal a la producción de chips o bien a la de dispositivos fotovoltaicos o a cualquier otro uso.


Como podrán imaginar, es China quien dispone de las mayores reservas y el mayor productor de silicio, con un 70% de la producción mundial, sumando el “silicio metalúrgico” con el silicio ya procesado en obleas como elemento semiconductor.


Pues bien, después de pandemias tratadas con estilo militar (que contrajeron la producción) y después de varias explosiones, el pasado verano, en varias de sus grandes fábricas de silicio, que la disminuyó aún más, China decidió sorprendentemente, en el último trimestre de 2021, reducir su producción de silicio. Lo cual significó de inmediato la multiplicación por tres del precio mundial del elemento.


Silicio de microchip o silicio para paneles solares


El argumento oficial chino (¿el cuento chino?) se basa en que sus empresas tratan el silicio por medio de ciclos combinados de energía hidroeléctrica y, dada la persistente sequía en el Sur del país, se verían obligados a utilizar fuentes más contaminantes y más caras, incumpliendo los compromisos medioambientales adquiridos en el Acuerdo de París y reflejado en su Plan Nacional de Reducción de Emisiones. Por lo demás, China de enfrenta a una crisis sin precedentes, provocada por el alto precio de la energía.


Sin embargo, resulta evidente que un país con planificación central económica ha tenido que decidir de dónde recortaba la producción. En concreto, la región de Yunnan, donde se concentra la mayor parte del descenso, está especializada en la producción de silicio mono cristalino, que se emplea en los microchips. Se mantiene, sin embargo, en el resto de China, la producción de silicio poli cristalino, que es propio de las células fotovoltaicas, de cuya producción mundial China es, también, líder indiscutible con más del 50% del mercado. Curiosamente, si el precio del silicio se ha multiplicado por 3, el precio de los paneles solares lo ha hecho por cuatro.


En fin, China constituye el ejemplo canónico de que, en realidad, a día de hoy, la “transición ecológica” sí que está reñida con la “transición digital”. Cañones o mantequilla. O, en lenguaje llano, estamos a setas o a estamos a Rolex.


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