BASF: la transición ecológica del gas ruso a través de China

1-6-2022. BASF es la empresa química más grande del mundo y, en 2021, obtuvo un récord de facturación de 78.600 millones de euros. Su planta central, en Baviera (Alemania) dispone de 2.850 kilómetros de tuberías, a través de las que circulan y se producen alrededor de 45.000 productos diferentes, generando (según datos de la propia compañía) un 6% de residuos químicos, gracias a su sistema Verbund.


Es por esto mismo, que BASF es el mayor consumidor del gas ruso importado por Alemania, alcanzando, por sí misma, el 4% del consumo total del país. Y, es por esto mismo, por lo que la compañía se encuentra, desde 2019, en pleno proceso de replanteamiento y reconversión de su dependencia de Rusia. En este sentido, su consejo de administración ha marcado dos líneas de actuación:


El primer plan de la empresa alemana consiste en acelerar su “transición ecológica”, que, hasta ahora, contemplaba alcanzar el net zero (cero emisiones netas de dióxido de carbono) en 2050. De hecho, en 2021 adquirió el 49,5% de la participación en el mayor parque eólico marino del mundo (el Hollandse Kust Zuid, en Países Bajos) y se ha embarcado, junto a RWE, en la construcción de un nuevo parque eólico y una planta de “hidrógeno verde” que suministrará electricidad a su planta central en 2030. Mientras tanto, todo hay que decirlo, BASF ha aumentado, y presupuestado para el futuro, compras de gas licuado.


BASF invierte en China en busca del gas ruso


La segunda línea de actuación resulta, si cabe, más ilustrativa de lo que significan en realidad las agendas climáticas y las “diversificaciones” de las cadenas de suministro: BASF ha invertido 10.000 millones de dólares (unos 9.000 millones de euros) en una nueva planta productiva de última generación en ZhanJiang (al sur de China). Según datos de la propia compañía alemana, China representa, a día de hoy, el 50% del consumo mundial de productos químicos y el 75% del crecimiento previsto para los próximos años.


BASF está presente en China desde 1960 y, según reconocen los propios analistas alemanes, ha configurado la base de una naciente, y aun inexperta, industria química china. Sin necesidad de “espionajes industriales” ni conspiraciones políticas de ningún tipo: simplemente, el conocimiento se “filtra” cuando los empleados son nacionales.


Sea como fuere, el sector químico chino aún queda lejos de verse afectado por la estrategia de “desacoplamiento” (de las cadenas planetarias de suministro) que el Gobierno chino está aplicando, por ejemplo, a la producción de semiconductores.


Por lo demás, de cualquier modo, China continuará, sin duda, importando gas ruso en cada vez mayor cuantía, entre otras razones, para proveer a la planta química de ZhanJian. Y, en resumen, el propio presidente del Consejo de Administración de BASF nos ofreció las claves de su estrategia, con una capacidad de síntesis, una crudeza y una sinceridad poco habituales: “el dinero que ganemos en China”, declaró esta misma semana, “será necesario para nuestra transformación ecológica en Alemania”.

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