De cómo pagar el Impuesto de Sociedades sin tener una empresa

9-05-2022. Hoy pocos conocen que la base mundial de la tributación de las empresas (el “Impuesto de Sociedades”) fue establecida por la Sociedad de Naciones en 1920 y perdura hasta hoy. De hecho es lo único que perdura de la institución fundada al final de la Primera Guerra Mundial y desechada al final de la Segunda.

Desde entonces, ya desde el inicio, se desató la “competencia fiscal” entre los países, tratando de atraer a los inversores mediante una bajada de los tipos impositivos. Por ejemplo, entre 1985 y 2018, el impuesto medio de sociedades cayó de un 49 a un 24%. Así, cada vez más, abundan los “paraísos fiscales”, es decir, los países cuyo tipo impositivo es cero o cercano a cero.


Los impuestos de sociedades devengan, por lo general, en el país en el que se producen las ganancias de las empresas, independientemente de la ubicación de la central, por lo que las empresas aprendieron, ya muy pronto, a reportar sus beneficios en los lugares en los que los impuestos son más bajos.


Solo el 5% del personal extranjero de las empresas multinacionales norteamericanas trabaja en los países considerados como “paraísos fiscales”. Sin embargo, estas empresas reportan el 33% de sus beneficios en estos paraísos. En 2016, se registraron 1, 6 billones de dólares de “ganancias globales” en un conjunto de países del que forman parte Irlanda, Singapur o las Islas Caimán (con un Impuesto de Sociedades del 5%).


El pacto fiscal de la OCDE


Según la OCDE, en un estudio de 2015, esta dinámica “resta” -deja de ingresar- a las arcas públicas un total de entre 100.000 y 240.000 millones de dólares anuales. Por ello, en este marco, 136 países firmaron un “pacto fiscal” para aplicar una tasa mínima al Impuesto de sociedades del 15%, que se espera entre en vigor el 1 de enero de 2023.


Y este pacto se vendió como una “revolución histórica”, a pesar del que el tipo impositivo actual de Gran Bretaña es del 25% y en Estados Unidos, del 21%. Por lo demás, el tipo solo aplicará a las empresas con un volumen de negocio global de 20.000 millones de euros, unos 24.000 millones de dólares, y se aplicará únicamente a los beneficios antes de impuestos que superen el 10% de la facturación global.


Los expertos estiman que, como consecuencia de este pacto, se podrá recaudar, quizá, un 4% más de lo que se hace actualmente. En total, afecta a 110 multinacionales, la mayor parte estadounidenses. Se trata, eso sí, de las empresas que gustan “deslocalizar” su producción, llevándosela a los países asiáticos, en busca de pastos más verdes.


Ahora, que ya no tendrán adonde ir, los gobiernos tienen las manos libres para subir a las empresas el resto de los impuestos nacionales. Y esas empresas, todas con un gran poder de mercado (Apple, Tesla, Amazon, Microsoft, Coca-Cola…), trasladarán inmediatamente esa subida a los precios; precios que pagaremos usted y yo.


Una nueva ilustración de las consecuencias de ese mantra que se nos vende de “subir los impuestos a los ricos”. Cuando oigan esta expresión, échense la mano al bolsillo.


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