De cómo el miedo produce depresión económica

31-3-2022. Un día cualquiera, H., el dueño del concesionario de Audi, de un barrio de la capital, llamó a L., que regentaba una exitosa tienda de ultramarinos. “Acabo de recibir el Audi último modelo del que hablamos, ¿se lo reservo?”.


El círculo vicioso de la depresión económica

L. respondió apesadumbrado: “Sintiéndolo mucho, no puedo comprar el coche: mi mujer y yo vamos a divorciarnos y, cuando esto termine, me doy por satisfecho si puedo venir al trabajo en bicicleta”.


Truncada una venta que consideraba segura, H. colgó; pero, inmediatamente recibió la llamada de B., el pintor: “Buenos días. ¿Cuándo puedo ir con mi equipo a su casa para empezar a pintar?”. H., aún más desconsolado, respondió: “Lo siento, pintaremos en otro momento. He perdido una venta y no dispongo del dinero”.


Un cliente perdido, B. regresó pronto a casa y se encontró con un televisor nuevo de pantalla plana, que había comprado su esposa. B., desconsolado, pidió a su mujer que devolviera el televisor, porque había perdido un cliente seguro y ahora no era buen momento para comprar.


La señora de B., entonces, llamó a G., el gerente de la tienda de televisores y solicitó la devolución. Entonces G., que había perdido su mayor venta del mes, llamó inmediatamente a S., su agente de viajes, para cancelar su viaje proyectado a Cancún. Como S. le preguntara sobre la razón por la que cancelaba el viaje, respondió: “No puedo viajar a Cancún, porque la señora de B. me ha devuelto el televisor de pantalla plana, porque H. no quiso pintar su caso, dado que L. no le compró el Audi, porque se va a divorciar de su mujer y teme que ella se lleve todo el dinero”.


El multiplicador del dinero


En fin, S. tuvo que cancelar un viaje que ya había organizado e, inmediatamente, fue a visitar a J., el comercial asignado por su banco. “Este mes no puedo pagar la cuota de mi préstamo; acabo de perder una gran venta”. J. quedó en shock, mientras recibía a su siguiente cliente: R. R. solicitaba un préstamo para fundar un nuevo restaurante, pero J. alegó que no podían conceder más créditos, porque estaba aumentando la morosidad.


Decepcionado, R. llamó E., el contratista con el que iba a construir el restaurante, y canceló el contrato. De resultas, E. se vio obligado a despedir a ocho trabajadores.


La cuestión es que, oh cielos, Audi lanzó una oferta de descuento del 50% en su último modelo. Y, claro, H. vio su oportunidad y volvió a llamar a L.: “Buenos días, L. Tenemos grandes descuentos en el último modelo de Audi y, creo, ahora será asequible para usted, incluso después del divorcio”.


Para sorpresa de H., L. respondió: “Sepa usted que ya no me voy a divorciar. Mi mujer y yo nos hemos arreglado”. “Eso es maravilloso.”, exultó H., “Entonces, ya puede comprar el Audi del que hablamos”.


De ninguna manera”, dijo L., “El negocio ha caído en picado. Hace un mes que no vienen por aquí mis mejores clientes: ni B. ni G., ni S. ni J., ni E. ni R. No puedo seguir así y quizá tendré que cerrar”.


[Inspirado en Buchwald, A. Squaring the economic circle. 1975]

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