De Henry Ford a Elon Musk y Tesla porque me toca

Aunque se recuerda a Henry Ford, básicamente, por su aplicación de la cadena de montaje en serie, también fue uno de los grandes promotores de la “integración vertical” de la producción automovilística. Es decir, de la práctica de adquirir en propiedad la mayor parte posible de la cadena de suministros que se necesita para la producción. Ford poseía las minas de las que se extraía todo el carbón que necesitaba.


En este sentido, el único seguidor del fordismo ha sido, hasta hace poco, Elon Musk. Tesla ha llegado, hace ya tiempo, a acuerdos exclusivos con sus proveedores de litio, grafito o níquel. El plan, al menos en 2017, era formar un consorcio de nueve empresas mineras que proporcionaran a Tesla la mayor parte del litio, el 50% del cobalto y el 40% de sus necesidades de níquel.


Con esto minerales, la empresa de Musk fabrica, como sabemos, sus propias baterías, así como sus propios motores y toda la electrónica de su automóvil. Y, aunque amagó con la compra de su propia fábrica de microchips y la desechó, diseña sus propios semiconductores y ya tenía acuerdos a largo plazo con sus proveedores, que le han permitido capear la crisis de suministros con bastantes menos problemas que sus competidores.


El valor actual de mercado de Tesla es de 744.000 millones de dólares, lo que equivale a la suma de los siguientes 9 mayores fabricantes de automóviles. Por tanto, no es de extrañar que el resto de las firmas tengan ya planes para su “teslificación”, esto es, para la adquisición o la fijación de su cadena de suministro, provocando, de paso, la reversión de décadas de políticas de externalización de servicios y productos intermedios.


Tesla y las cadenas de suministro


BMW ya ha invertido 344 millones de dólares en un proyecto de extracción de litio en Argentina. Renault y Stellantis han firmado acuerdos con Vulcan Energy Resources, al igual que Ford con Lake Resources. General Motors ha anunciado una inversión “multimillonaria” en “Recursos Térmicos Controlados”, también para la extracción de litio. Stellantis y Mercedes han creado una empresa conjunta para la fabricación de baterías, que ha firmado un acuerdo con el gigante belga Umicore. Y finalmente, BYD, la empresa china análoga a la Tesla estadounidense, ha adquirido seis minas de litio distribuidas por toda África por 500 millones de dólares.


Todo esto significa, o significará, una auténtica revolución económica mundial, que implicará a miles de empresas, a millones de trabajadores y a miles de millones de dólares en “costes hundidos” que se perderán irremisiblemente. Significa la remodelación completa de las cadenas de suministro (no solo de la industria automotriz) y tendrá unas consecuencias geopolíticas que se sumarán al resto de las consecuencias imprevistas de las “transiciones” (ecológicas y digitales) de Occidente.


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