De la terra a la luna o la cripta de las criptomonedas

24-5-2022. Dice un viejo adagio entre los analistas financieros, que los mercados pueden comportarse de manera irracional durante mucho más tiempo del que usted pueda mantener su solvencia. Y el mercado de las criptomonedas parece empeñado en darle la razón.

De nuevo, nos encontramos con un derrumbe generalizado de la cotización. En noviembre de 2021, el mercado de criptos alcanzaba un valor de 3 billones de dólares. En abril, se situaba en los 2 billones (un 33% menos) y, a día de hoy y de momento, está en 1,3 billones (un 35% adicional de caída). Bitcoin llegó a caer por debajo de los 29.000 dólares, su valor más bajo desde finales de 2020.


En contra de los detractores y augures del colapso inminente del mercado de las monedas virtuales, hay que señalar que se trata de un mundo complejo (no solo técnicamente), en el que no todas sus partes y estructuras se comportan igual.


La caída de cotización de las criptomonedas “no estables” (monedas con un volumen de emisión fijo, pero con un valor flotante) forma parte de un fenómeno más amplio, provocado por una inflación desbocada (provocada, a su vez, por emisiones desbocadas de dinero). La perspectiva de que los Bancos Centrales endurezcan su política monetaria lleva, ha llevado siempre, a una venta masiva de activos, empezando por los de mayor riesgo. Así, el índice NASDAQ ha caído un 29% desde su máximo anual, mientras que el SP500 “solo” lo ha hecho un 18%.


Sin embargo, no todo el mundo de la moneda virtual se ha comportado igual. Como es sabido, la protagonista del colapso actual es “terra”, una moneda virtual estable (stablecoin) y algorítmica. Esto quiere decir, que el valor de terra estaba atado, 1 a 1, con el dólar norteamericano y que las variaciones de la demanda eran cubiertas por variaciones de emisión controladas algorítmicamente.


El creador de terra tuvo la feliz idea de respaldar su moneda virtual con otra moneda virtual (“luna”), para fijar la emisión de terra y variar la emisión de luna en función de la cotización de la primera. Es decir, trataba de convertir una stablecoin en una criptomoneda.


El precio de luna comenzó a caer en mayo y, tratándose de un mercado tan volátil, se desató un pánico inmediato. El 10 de mayo de 2022 existían 350 millones de tokens luna. El 18 de mayo. Ya había 6,5 billones. En su máximo, luna alcanzó un valor de mercado de 40.000 millones de dólares, que respaldaban 18.000 millones de dólares de terra. Ahora, efectivamente, terra se ha convertido en criptomoneda y cotiza a 0,1 centavos por dólar. Luna ya ni cotiza (porque no se vende ni se compra…). En fin, un típico esquema Ponzi.


No todo es bitcoin y no todo es terra


Pero hay otros extremos. La USDC es otra stablecoin, en este caso, respaldada por dinero efectivo y Letras del Tesoro norteamericano a corto plazo. Audita y publica sus estados financieros una vez al mes. También tenemos a “dai” (algorítmica y criptográfica), con un respaldo (en USDC y ether) de 1,1 veces su valor.


Y, en un término medio, tenemos a Theter, la stablecoin con más volumen del mundo. La empresa afirma que su moneda virtual está respaldada por activos como bonos del Tesoro o deuda corporativa; pero siempre se ha negado a publicar sus balances y, de hecho, ha recibido cuantiosas multas del gobierno norteamericano por no informar a sus inversores. Theter ha perdido un 10% de su valor, es decir, unos 9.000 millones de dólares.


En resumen, cae la cotización de la criptomonedas, es decir, de las monedas virtuales “especulativas”, no respaldadas por efectos garantizados por los gobiernos. Sin embargo, monedas virtuales respaldadas (stablecoins) mantienen un comportamiento en línea con el resto de los mercados financieros. Siempre que no se le pida la luna.


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