De los petrodólares a los “petroyuanes”, con Putin al fondo

Actualizado: 4 abr

1-4-2022. Saudí Aramco, la empresa petrolera de la familia gobernante de Arabia, produce 12,8 millones de barriles al día y alcanza un valor de mercado de 2,3 billones de dólares, es decir, la segunda mayor cotizada del mundo, solo por detrás de Apple.


Como empresa, Aramco es la mayor exportadora de petróleo del planeta y, en sus resultados presentados el 20 de marzo, confirmó que el aumento del precios del crudo de 2021 le permitió duplicar su beneficio neto hasta las 110.000 millones de dólares. Y esto, al precio del barril en 2021 (que promedió unos 70 dólares): en 2022, hasta hoy, el promedio es de 110 dólares por barril.


A partir de aquí, la empresa árabe planea una inversión del orden de los 50.000 millones de dólares, que le permitirá aumentar su producción en un millón de barriles al día para 2027. En este sentido, Saudí Aramco se beneficia enormemente de la disminución mundial de la inversión en combustibles fósiles, con ocasión de los compromisos climáticos de muchos de los países productores. A día de hoy, es, pues, la reina de las emisiones de dióxido de carbono, la que más se está beneficiando de la “transición energética” de los países desarrollados.


Toda esta coyuntura ha concedido a Aramco un enorme poder de mercado, que se traduce directamente en un aumento proporcional del peso geopolítico de Arabia Saudí. Ya nadie recuerda el asesinato de Khashoggi. Mientras, Emmanule Macron y Boris Johnson rinden sendas visitas al príncipe heredero suplicando por un aumento de la producción de petróleo, al que Arabia se niega en redondo.


El nuevo acercamiento entre Estados Unidos e Irán (que apoya a los rebeldes hutíes del Yemen, en guerra con Arabia), entre otras razones, ha significado un acercamiento árabe a China, donde Aramco ha instalado su último complejo de refinado, que proporcionará 300.000 barriles al día al país asiático. Incluso, y esto es lo relevante, los propietarios de Aramco se han mostrado abiertos a recibir “algunos pagos” en yuanes.


El petróleo árabe va hacia China


En la actualidad, China es el destino del 25% de las exportaciones de petróleo árabes: solo el 10% va a Europa y solo el 7% a Estados Unidos, tras la recién adquirida “independencia energética” norteamericana y el consiguiente “abandono” en que se encuentra una Arabia ya dispuesta, incluso, a entenderse con Israel.


Conviene recordar que el nombre de la empresa “Saudí Aramco” fue, hasta 1988, el de “Arabian American Oil co” y que, desde 1973, la inmensa mayoría del mercado del petróleo mundial se valora en “petrodólares”. Quizá nos encontramos ante un cambio de era.


El “petrodólar”, por si lo no conocen, funciona como una “patrón monetario”, a partir de un acuerdo de 1973, entre los Estados Unidos y Arabia, por el que la segunda se comprometía a negociar la venta de su petróleo siempre en dólares de la Reserva Federal, a cambio de la ayuda y protección militar de los primeros.


Este acuerdo continua vigente y a él se han sumado multitud de países dese entonces. De modo que se ha generado una demanda artificial de dólares que ha mantenido sobrevalorada a esta moneda los últimos 50 años. Como indicación, hoy se negocian en petrodólares unos 6,5 billones anuales, es decir, un tercio del PIB norteamericano.


Imaginemos, entonces, que Arabia Saudí se pasa a los “petroyuanes”: No hace muchos años, los analistas aseguraban que, si esto ocurría, se desatarían “presiones inflacionistas” sobre el petróleo y, en cadena, se producirían graves tensiones geopolíticas entre los países productores, amén de una inflación mundial galopante. Pero qué sabrán los analistas: está claro que la culpa es de Putin.


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