Del verde del dólar al amarillo del oro, el semáforo de la economía

¿Seguirá subiendo el oro? ¿Volverá a superar los 1.900 dólares de hace poco más de un año? "Chí lo sá". Algunos augures pronostican que la onza de oro se acercará, tarde o temprano, a la zona de los 5.000 dólares, (sí, sí... 5.000 dólares) cuando en estos días cotiza en los mercados de metales preciosos en torno a los 1.800, que no está nada mal, porque en 2009 cotizaba a 800 dólares por onza. Mil dólares más caro en poco más de una década.


Las fluctuaciones del “billete verde” se dejan notar en el precio del “metal amarillo”. No hay que olvidar que el oro cotiza en dólares en los mercados internacionales, por lo que las fluctuaciones del “billete verde” se dejan notar en el precio del vil metal.

Las manos fuertes están comprando el oro que venden las manos más débiles, es decir, los particulares que, apretados por la crisis, por la inflación y por los estragos económicos de la pandemia se desprenden de sus joyas para obtener unos ingresos extra. Algunos inversores, en tono menor, denominan a este fenómeno el de “las chicas de oro” en referencia a las alhajas de las familias y viejas damas que salen al mercado acuciadas por las necesidades económicas.

El precio del oro, bien tangible donde los haya, crece al mismo ritmo que lo hace la demanda internacional. La oferta apenas influye, porque tanto las existencias como la producción son limitadas. Cada año se extraen tan solo 2.500 toneladas, a pesar de que últimamente se están perforando nuevas minas y se están reabriendo otras. Pero desde que se autoriza una nueva explotación hasta que el metal llega al mercado pasan, por lo menos, media docena de años. Según algunos cálculos, hoy circulan por el mundo en total no más de 170.000 toneladas de oro. Y la demanda no para de crecer.


La tendencia alcista del oro no ha hecho más que comenzar

La Asociación Española de Metales preciosos considera que la tendencia alcista del oro no ha hecho nada más que comenzar. También es cierto que puede ser, quizá, quien sabe, que los augures no tengan razón en sus proyecciones y que el oro no alcance, ni mucho menos, tan elevados precios como esos 5.000 dólares que vaticinan algunos augures.

Si la situación económica mejora, el oro perderá parte de su brillo... O parte de su brillo. No hay que olvidarlo. Los activos que se comportan como refugio en tiempos de crisis se deprecian rápidamente cuando los inversores consideran que ha llegado el momento de apostar por otras inversiones con mayor potencial de crecimiento.

Además, si a medio plazo se producen -como es previsible- subidas de tipos de interés aumentará el atractivo de las inversiones alternativas al oro (como la propia Bolsa o la deuda pública) lo que generará ventas de oro.

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