Desde Rusia con amor, el gas como arma de guerra

Una de las principales razones que explican la longevidad del reinado de Vladimir Putin, puede verse en un sencillo gráfico sobre la evolución del PIB de Rusia, desde 1991 hasta nuestros días. Tras una caída del 60%, tras la disolución repentina de la Unión Soviética, a partir del año 2000 comienza una fuerte recuperación que, en el año 2013, había multiplicado por 12 tanto la renta nacional como la renta per cápita.


Esta recuperación se vio truncada, sin embargo, en 2014, a raíz de hecho por todos conocidos: la Guerra de Ucrania, la invasión e incorporación de Crimea y las sanciones económicas europeas y norteamericanas contra Rusia. En 2015, el PIB ruso representaba el 60% del PIB de 2013. Definitivamente, las sanciones económicas tuvieron un fuerte efecto en la economía de Rusia, a las que solo salvaron de la catástrofe los precios del petróleo y la financiación china.


Rusia es, a día de hoy, el mayor productor de diamantes del mundo, el segundo productor mundial de petróleo, por detrás de EEUU, de cobalto, de platino y de oro. Es el cuarto productor mundial de fosfatos, mucho más importante de los que parece a primera vista, y, finalmente, sí, Rusia es el mayor productor mundial de gas natural, con un 27,8% de las reservas mundiales probadas.


A todo esto, el gobierno ruso lanzó, en 2015 un plan de infraestructuras por valor de 326.000 millones de dólares y, en siete años de ejecución del plan, solo empresas chinas han obtenido contratos gubernamentales. Ha sido China, también, con préstamos por valor de 150.000 millones de dólares, la que ha financiado, en buena parte, la nueva recuperación de la economía rusa, a partir de 2016 (que no ha alcanzado el nivel de 2013, pero sí el de 2008)


Por lo demás, Rusia compite con Arabia Saudí como mayor exportador de petróleo a China, mientras Moscú y Pekín están en negociaciones para establecer un “infraestructura financiera independiente del dólar” para la gestión de los pagos, en la que ocupan una papel importante las criptomonedas y, también, la “digitalización” del yuan.


El gas natural de Rusia se desvía hacia China


Finalmente, siempre el gas. El gas ruso que abastece a Europa procede de los campos de Yamal y Urengói. A su vez, Rusia abastece a China, con gas procedente de los campos de Kovytinskope y Chayandiskope, a través del gasoducto “El Poder de Siberia”, que confluye en la planta de procesamiento de Amur, ya a las puertas de China. Este gasoducto estará plenamente operativo en 2025, momento en el cual China se convertirá en el principal consumidor del gas Ruso, por encima de la Unión Europea.


Quizá por ello, la empresa Gazprom presentó el proyecto de un nuevo gasoducto (“El Poder de Siberia 2”), que enlazaría Yamal, Ureogói y Kovytinskope, y, atravesando Mongolia (con cuyo gobierno ya están acordadas las tarifas de paso), llegaría a China. La empresa rusa estima el negocio en un valor de 400.000 millones de dólares en los próximos 30 años, por lo que está dispuesta a asumir los costes de construcción del gasoducto sin ayuda del gobierno ruso.


En resumen, la insistencia norteamericana y europea en “contener”, cuando no combatir, a Rusia, está impulsando una integración económica (e incluso acuerdos militares, antes impensables, con maniobras conjuntas) entre Rusia y China, configurando un área geopolítica genuinamente euroasiática, donde la Unión Europea ve crecer su propia insignificancia.


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