El BCE, entre la espada de la creciente inflación y la pared de la frágil recuperación económica

1-3-2022. El repunte de la inflación en toda Europa coloca al BCE en una situación cuando menos complicada. El Banco Central Europeo ha lanzado un aviso a los navegantes en el sentido de que la subida del precio del petróleo y el gas, debido en gran parte a la crisis entre Rusia y Ucrania, puede restar muchas décimas al crecimiento del PIB de la zona euro en el año en curso.

Christine Lagarde, presidente del BCE

El BCE busca el momento correcto para enfrentarse a la escalada de la inflación, pero sin comprometer la recuperación de la economía. La presidenta del Banco Central Europeo, Christine Lagarde, ha asegurado que subir el precio del dinero con demasiada rapidez no servirá para contener las presiones inflacionistas, pero puede congelar la frágil e incipiente recuperación de la economía.


Así que insiste en su mensaje de que Europa no tiene porqué seguir inmediatamente los pasos de Estados Unidos o el Reino Unido, donde los tipos de interés ya están orientados al alza. Lagarde busca el momento correcto. Otra cosa es que lo encuentre.

Los analistas de la gestora suiza Julius Baer, al contrario de lo que opina el consenso del mercado, creen que el Banco Central Europeos no subirá el precio del dinero hasta el año 2024. Esperan que la inflación, pese a todo, vaya perdiendo algo de fuerza a lo largo del año. Sin embargo, tras la invasión de Ucrania se han trastocado todas las revisiones. Parece claro que la inflación va a crecer todavía más. En España está ya en el 7,4 por ciento.

Algunos analistas creen que si la guerra en Ucrania se prolonga, el PIB de la zona euro puede crecer un 1 por ciento menos de lo previsto. La inflación, que ya está en el 5 por ciento en la eurozona, puede aumentar todavía más, lo que antes o después “obligará” al Banco Central Europeo a elevar el precio del dinero. Eso significa que los créditos hipotecarios y los personales serán más caros. También significa que mejorarán las cuentas de las entidades financieras, ya que aumentarán los márgenes de su negocio básico, que es prestar dinero.

Lo que parece claro es que con las severas sanciones contra Rusia se estrangularán casi por completo los suministros de algunos productos vitales para Europa. Aumentarán los precios y la inflación subirá otro peldaño. Nadie olvida que Rusia aporta cerca de un 40 por ciento del gas natural que se consume en Europa y el 25 por ciento del petróleo. Dos terceras partes del gas que se consume en Alemania procede de Rusia.

Además, Rusia es el mayor productor de trigo del mundo y Ucrania el cuarto. Si dejan de llegar las exportaciones ucranianas y rusas de cereal, se producirá un encarecimiento no solo del pan y otros productos derivados directamente de este grano, sino todos los productos cárnicos, ya que los cereales forman parte importante del forraje del ganado.

Así que dentro de poco, y si no lo remedia nadie, tomarse un pepito de ternera se va a convertir en todo un lujo al alcance de muy pocos. Un lujo asiático casi tan grande como llenar el depósito de gasolina del coche a 1,70 euros por litro.

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