El gas como arma de guerra, mientras el precio del crudo avanza hacia los 100 dólares

Al final vamos a tener que acabar dando gracias al cambio climático. Si no fuera por las benignas temperaturas de este invierno, probablemente estaríamos hablando de miles o quizá millones de personas en situación de pobreza energética. Todo ello por culpa de una imparable escalada de los precios de la energía.


El precio del petróleo tipo Brent ha llegado a superar en esta semana los 93 dólares por barril mientras el mercado sigue inquieto por la escasez de suministros. Y las tensiones geopolíticas amenazan con perturbar aún más el suministro con el gas como arma de guerra.



"Parece que el petróleo a 100 dólares no está muy lejos en el futuro lejano y que seguirá la creciente presión de los líderes mundiales para que la OPEP+ entregue más producción, mientas esta sigue remoloneando, regocijándose de la situación", afirman los analistas


Entre tanto es probable que Europa tenga que hacer frente a unos precios del gas elevados en comparación con los de hace 12 meses durante algunos años, hasta que se disponga de nueva oferta, principalmente de Qatar y Estados Unidos, a mediados de la década.

Algo que puede generar grandes desequilibrios. El aumento de los precios y la incertidumbre sobre la oferta podrían afectar a la demanda mundial de gas en el futuro, advierten.


Por ejemplo, Europa podría aprovechar la crisis para impulsar aún más sus planes de alcanzar las emisiones netas cero. De momento, el crecimiento del consumo de gas a largo plazo pasa por que Asia desplace al carbón para satisfacer la creciente demanda de energía y reducir las emisiones, pero los altos precios y la volatilidad no hacen ningún bien a la causa.


Europa podría quedarse sin gas


Los gobiernos europeos observan con extremada preocupación el posible bloqueo de las importaciones de gas ruso, en el caso de producirse una invasión a gran escala de Ucrania, ya que resultaría imposible encontrar volúmenes alternativos para sustituir los suministros procedentes de Rusia.


Si todos los flujos de gas se detuvieran hoy, el almacenamiento de gas existente se agotaría en apenas seis semanas; la destrucción de la demanda sería masiva; y si la interrupción se prolongara en el tiempo, el inventario de gas no podría reconstruirse durante el verano para afrontar los siguientes meses con garantías.


Este escenario, nada descabellado, nos enfrentaría a una situación catastrófica de almacenamiento de gas casi nulo para el próximo invierno. Una interrupción del suministro de gas a través de Ucrania podría ser más manejable, pero obligaría a Europa a tirar de todas las palancas del sistema para mantener las luces encendidas.


Por su parte, Estados Unidos aprovecha que el Pisuerga pasa por Valladolid para ofrecer su excedente de gas a Europa para paliar este riesgo. Y es que los americanos no dan puntadas sin hilo.

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