El “verdeo” de capitales y los activistas multimillonarios

16-6-2022. Fue el exgobernador del Banco de Inglaterra, Mark Carney, el primero en advertir del “riesgo sistémico” en que, supuestamente, incurrían los bancos y las empresas de seguros, como consecuencia del cambio climático. Y, efectivamente, de hecho, durante su mandato puso en marcha regulaciones que pueden considerarse como el precedente de las leyes ESG de la Unión Europea.


En el mismo sentido, las inversiones ESG (ambientales, sociales y de gobernanza, por sus siglas en inglés) han sido promovidas, de modo “pionero” por Larry Fink, director de la famosa gestora de fondos BlackRock, con 9 billones de dólares en activos de clientes.


Sin embargo, las acciones de las empresas consideradas ESG han caído con fuerza (comenzando por las tecnológicas y sus transiciones digitales), mientras que las inversiones “sucias”, principalmente en empresas petrolíferas han subido como la espuma.


Por tanto, los bancos, obligados por las leyes, cuyo precedente es Carney, a solo poder mantener inversiones ESG (so pena de “estrés climático”), tienen ahora un problema: los nuevos activos “tóxicos” (si recuerdan la expresión) son las propias inversiones ESG, es decir, los activos sostenibles, sociales climáticos y gubernamentales.


Y, entonces, los bancos obran, de nuevo, igual que obraron en 2007. De hecho, en mayo, la gestora de fondos del Deutsche Bank (DWS) fue registrada por la policía alemana, alegando indicio de “lavado verde” de fondos; es decir, por si se olvidaron, de crear productos financiero que “empaquetan” fondos verdes (que cumplen con el ESG) con otros que no lo son tantos. (Así, en Estados Unidos, los republicanos hablan del “recargo de Larry Fink”, cuando se refieren al precio de la gasolina).


En otro sentido, pero no tanto, la empresa JP Morgan Chase, el mayor banco de inversión del mundo, ha sido excluida de los contratos municipales y estatales del Estado de Texas, por promover financieramente políticas de control de armas, de la mano de su líder J. Daimon, el cual, por supuesto, no ha cejado en su cruzada.


Multimillonarios que pagan el Impuesto de Sociedades


Aparte de la cuestión sobre si deben ser los Bancos Centrales los que se ocupen de las sostenibilidad, de la política social o del cambio climático, los casos de Fink y Daimon son los de dos directores ejecutivos, nombrados, directa o indirectamente, por sus accionistas, con la misión de defender sus intereses. Cabría preguntarse si BlackRock o JPMorgan lo están haciendo adecuadamente. La misma pregunta, por cierto (aunque no se trate del mismo caso), con respecto a la compra de Twitter por Elon Musk o la compra del Washington Post por Jeff Bezos.


Y, ante todo, si ya resulta altamente preocupante que los gobiernos y los Bancos Centrales están cada vez más en la senda de la planificación económica central, resulta aún más preocupante la figura de estos ejecutivos “activistas” multimillonarios, que han acordado pagar el Impuesto de Sociedades en todo el mundo y, por tanto, por su propio peso económico relativo, ya van diciendo al mundo lo que tiene que hacer.


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