Elon Musk, la compra de Twitter o quién manda en mi hambre

28-4-2022. Finalmente, tras algunos escarceos más propios del cortejo que de los negocios, Elon Musk, el hombre más rico del mundo, ha llegado a un acuerdo para la compra del 100% de las acciones de la red social Twitter.


Elon Musk se hace con el control de Twitter

Se trata de una de las compras apalancadas más altas de la historia, con una oferta efectiva de 44.000 millones de dólares, de los que el propietario de Tesla y SpaceX aporta 21.000 millones en capital y 12.500 millones en forma de préstamos contra sus acciones de Tesla (acciones que, por cierto, se han desplomado un 9% ante la noticia).


Casi nadie, si es que hay alguien, entiende el movimiento económico del magnate: las acciones de Twitter, en abril de 2021, tienen un valor inferior al de su precio de salida a bolsa en 2013. Con 227 millones de usuarios diarios, la plataforma queda muy por detrás de Facebook, Instagram o Tiktok.


Musk insiste, no obstante, en no estar interesado en la “parte económica” de la operación, sino, según sus propias palabras, en “tener una plataforma pública que sea de máxima confianza y ampliamente inclusiva”, lo que considera “extremadamente importante para el futuro de la civilización”.


Ya no solo los analistas económicos, sino también los políticos (analistas o no) se han puesto en guardia ante el uso del concepto de “inclusión” por un republicado declarado y, para más señas, acérrimo partidario de Donald Trump. Recordemos que, en la primera mitad de 2021, Twitter eliminó 5,9 millones de piezas de contenido (entre ellas, todas las del expresidente norteamericano) y suspendió o eliminó 1,2 millones de cuentas (entre ellas, la de Trump).


Twitter en código abierto


Musk promete publicar el código de la red social, incluido el del algoritmo de “recomendación”, así como autenticar a todos los usuarios y luchar seriamente contra el spam. Por lo demás, no se muestra partidario de las “prohibiciones permanentes”, sino de las temporales.


Con estas simples promesas, el magnate ya entra en colisión con buena parte de sus anunciantes (la única fuente de ingresos de Twitter) y con sus distribuidores, como Apple y Google, no precisamente entusiastas de Trump. Y, sobre todo, con la nueva Ley de Mercados Digitales de la Unión Europea, que obligará a las redes sociales a asumir mayores responsabilidades por los discursos extendidos en sus plataformas.


Y ya sólo con el anuncio de la operación de compra, Elon Musk fue “trending topic” mundial de su nueva red, bajo el lema (bueno…, el handstag…) “Trump’s Twitter”.


Sin embargo, después de todos los sesudos análisis políticos y filosóficos sobre el significado la naturaleza y los límites de la libertad de expresión, tras los pseudoanálisis psicoanalíticos sobre su afán de protagonismo, Musk (dicen las malas lenguas) está apostando buena parte de su fortuna personal a la expansión de Tesla en China, a cambio de una canal de comunicación occidental, para el gigante asiático, que no será “vigilado” por sus enemigos.


O, quizá, el hombre más rico del mundo ha comprendido que, dentro de no mucho tiempo, su fortuna no le servirá de nada. Como dice la canción: “En mi hambre mando yo”.


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