La china en el zapato o la deuda de Occidente con África

Actualizado: 31 may

30-5-2022. La Inversión Extranjera Directa (IED) de China en los países africanos ha pasado de 75 millones de dólares en 2003 a 4.200 millones en 2020, lo que sitúa al país asiático como tercer inversor en el continente (44.000 millones de dólares de stock de inversión), solo por detrás de Gran Bretaña (66.000 millones) y Francia (65.000 millones); pero por delante de Estados Unidos (43.000 millones).



Por lo demás, el comercio entre China y África ha pasado de 10.000 millones en el año 2000 a 254.000 millones en 2021, multiplicando por 5 el crecimiento de, por ejemplo, Estados Unidos. De este modo, China se ha convertido en el proveedor principal de 49 de los 54 países del continente africano.


Tanto el comercio como la IED se han financiado con préstamos de los bancos chinos (respaldados por el gobierno) a los propios gobiernos africanos y se han traducido, en un gran porcentaje, en inversiones en infraestructuras. Construidas siempre, por cierto, por empresas chinas.


Asimismo, la devolución de estos préstamos se ha acordado, en muchos casos relevantes como Angola o el Congo, como concesiones de licencias de extracción de minerales, de los gobiernos africanos a las mismas empresas chinas constructoras. De hecho, por ejemplo, 15 de las 19 minas de cobalto de El Congo (productor del 70% del cobalto mundial) están controladas o participadas por empresas chinas.


Tomo comenzó, como se deduce de los datos, en la década de los 2000, en la que Occidente redujo o condonó parte de la deuda africana y aumento significativamente sus aportaciones a los programas de desarrollo conducidos por el Banco Mundial (Iniciativa PPME en 1996 y Acuerdos del G-8 en 2005). Esto concedió margen a los nuevos gobiernos “democráticos” africanos para endeudarse, a su vez, con China. Así, en 2020, China poseía el 17% de la deuda africana, el Banco Mundial, el 19% y los inversores privados (de los que buena parte son chinos), el 30%.


La deuda de África con China


Sin embargo, la deuda con China tiene unas características diferentes de la deuda con Occidente y, por ello, los líderes africanos (democráticos o no) prefieren, por lo general, a la primera. Según el Banco Mundial. El 50% de los préstamos de China se acuerda y ejecutan por canales privados (aunque sean préstamos a los gobiernos), al margen del Banco Mundial y del FMI e, incluso, al margen de los ministros de finanzas de cada país.


Adicionalmente, los proyectos chinos son mucho más rápidos en su ejecución y están dirigidos por los propios líderes africanos, que no se ven obligados, por tanto, a aceptar condiciones políticas o económicas (o de política económica) del Banco Mundial o del FMI.


Así, el proyecto promedio, en los 43 firmantes africanos del acuerdo BRI, Belt and Road Initiaitive (también denominado “Nueva Ruta de la Seda”) con China, se ejecuta en 2,8 años. Los proyectos de desarrollo financiados por Occidente llevan una media de 8-9 años de implantación.


Entre otras razones, los proyectos chinos entran en ciclos electorales de 4 años, en un continente en el que se han extendido la democracia y las elecciones periódicas. Además, los líderes africanos pueden elegir, cuando la elección es posible, la ubicación de los proyectos, muchas veces con criterios electoralistas y muchas veces como fruto del soborno directo.


En resumen, las condonaciones de deuda a África y los proyectos de inversión al desarrollo, se están convirtiendo en una nueva forma (una más) en la que China extrae, de forma indirecta, recursos de Occidente.


África tiene en 2021, en total, una deuda de 1,5 billones de dólares (un 59% del PIB). Y la corrupción fomentada por un sistema de contratación tan opaco ha situado el FFI (Flujo de Fondos Ilícitos) de África, según un informe de Naciones Unidas, en 836.000 millones de dólares, en 2015. Como según el Banco Africano de Desarrollo, los fondos ilícitos aumentan en 148.000 millones al año, podemos proyectar una cifra, para 2021, de 1,74 billones.


En este sentido, citando literalmente el informe de la UNCTAD, “África es una acreedor neto del resto del mundo”. Es decir, que Occidente está financiando la corrupción de las élites africanas. Y eso lo saben hasta en la China.


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