La Guerra de Ucrania y el precio del trigo: de crisis en crisis hasta la crisis final

23-05-2022. Rusia y Ucrania, juntas, exportaban el 12% de la producción mundial de cereales y semillas oleaginosas. Ahora, estas exportaciones se han detenido, en el caso de Ucrania y se han reducido con fuerza en el caso de Rusia.



Los precios del trigo han aumentado un 53% desde principio de año y lo han hecho un 6% adicional desde el anuncio de la India, el 16 de mayo, de que suspendería sus exportaciones debido a que la cosecha se verá afectada por una fuerte ola de calor.



En consecuencia, según datos de la ONU, ha aumentado el número de personas en “riesgo alimentario”, en el mundo, desde los 1.160 millones a los 1.600. Es decir, 440 millones en menos de 5 meses. De ellos, unos 250 millones están en “riesgo de hambruna”.


Esta escasez mundial de alimentos no puede ser atribuida en su totalidad a la Guerra de Ucrania, aunque esta guerra y las sanciones subsiguientes la hayan agravado. Rusia y Ucrania producen el 28% del trigo mundial, el 29% de la cebada, el 15% del maíz y el 75% del aceite de girasol. Suministran el 50% de las necesidades de cereal de países como Líbano y Túnez y el 66% de las necesidades de países como Libia y Egipto. En general, las exportaciones directas de Ucrania proporcionan calorías suficientes para alimentar a 400 millones de personas al año.


Incluso antes de la guerra, el PNUD ya había advertido de los problemas que se avecinaban en 2022. China, el mayor productor mundial de trigo, anunciaba que este año se daría la peor cosecha de su historia reciente, después del retraso de las siembras, debido a una atípica época de lluvias. Por su parte, el segundo productor mundial, India, sufre la falta de lluvias, fenómeno que también amenaza la cosecha del famosos “cinturón triguero” de los Estados Unidos.


De momento, la crisis no se ha desatado porque Ucrania había exportado la mayor parte de su cosecha de 2021 antes de la invasión rusa y porque Rusia, en realidad, continúa exportando su grano a países que no pueden permitirse aplicar las sanciones decretadas por Estados Unidos y la Unión Europea.


Por lo demás, el aumento del precio de la energía y de los fertilizantes, y la inacción de los gobiernos en el sostenimiento de la agricultura propia, no está incentivando precisamente los aumentos de “producción alternativa” nacional, que suelen producirse en estos casos, al calor del aumento del precio de los alimentos.


Los países con potencial agrícola para sustituir las cosechas faltantes son los mismos países con unos agricultores ahogados por las cuotas de producción y por unos costes que no les permiten margan alguno. Aún más, desde principios de año 23 países han impuesto severas restricciones a la exportación de alimentos, restando un 10% adicional al comercio mundial.


Soluciones a la crisis alimentaria que viene


Las soluciones ante una crisis que, esta vez, se ve llegar, pasan por la acción conjunta de los gobiernos de los grandes países y de la UE. Por ejemplo, la misma infraestructura por la que se canaliza el envío de armas a Ucrania, se puede utilizar para facilitar la salida del grano por ferrocarril o por carretera hacia Rumanía o los Países Bálticos. Se estima que, de este modo, se podría recuperar el 20% de las exportaciones ucranianas.


Por otro lado, en esta coyuntura no se puede ya ignorar que el 10% de los cereales y el 18% de los aceites se utilizan para la producción de biocombustible, el cual se produce, a su vez, solo para satisfacer las exigencias legales climáticas de los gobiernos en los países desarrollados.


Finalmente, tenemos el peso comercial del Mar Negro, objeto principal de las “negociaciones de paz” entre Rusia y Ucrania. Se estima que, actualmente, hay en Odessa unos 25 millones de toneladas de cereal (cantidad que, por sí misma, impediría la hambruna), bloqueadas por las minas colocadas por ambos bandos en las aguas del puerto. Este acuerdo fue propuesto, en su momento, por Turquía, pero, de momento, ha sido rechazado por Ucrania porque desguarecería militarmente su única salida al mar a día de hoy.


En cualquier caso, esperemos que los gobiernos gestiones algo mejor la crisis alimentaria de lo que gestionaron la crisis económica, o la crisis sanitaria. Porque de las “crisis climática” ni hablamos.


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