La leche materna y la excusa de la Defensa Nacional en EEUU

23-6-2022. El 8 de septiembre de 1950, recién iniciada la Guerra de Corea, el Congreso de los Estados Unidos de América aprobó la Ley de Producción para la Defensa (DPA), que, en su primera sección autoriza al presidente a obligar a las empresas privadas a aceptar y ejecutar contratos de producción de materiales considerados esenciales para la Defensa Nacional.


La ley autoriza, también (todavía sigue en vigor), al presidente de los Estados Unidos a establecer controles económicos y de distribución, a controlar los precios e, incluso, las disputas laborales y, finalmente, a requisar propiedades que se consideren necesarias para la Seguridad Nacional. Pero, sobre todo, la Ley de Producción para la Defensa concede al presidente la autoridad única para decidir qué producto o servicios caen bajo la jurisdicción de la propia ley.


Aunque se creó como un recurso jurídico de guerra, la DPA se ha seguido utilizando en tiempos de paz. Según los datos del Pentágono, el Departamento de Defensa la utiliza 300.000 veces al año, desde 1950 hasta hoy, como cláusula en los procesos de Contratación Pública Federal. En realidad, las cláusulas se han ejecutado unas 50 veces desde su promulgación, la mayoría de ellas ya en el siglo XXI.


La aplicaron Bill Clinton y George W. Bush en la crisis energética de 2001. La aplicó Barack Obama en 2011 para obligar a las empresas tecnológicas a ceder información al gobierno federal sobre terrorismo y ciber espionaje. La utilizó Donald Trump en 2017, con respecto al suministro de chips (y microelectrónica en general) y, una vez más, en 2020, cuando obligó a General Motors a fabricar respiradores para el tratamiento del covid y requisó las materias primas para la producción de las vacunas de Pfizer y Moderna.


Biden y la leche materna


Sin embargo, el presidente que ha hecho mayor uso de esta ley, y solo a mitad de su primer mandato, ha sido Joe Biden. Por ejemplo, en enero de 2021, a poco de su toma de posesión, amplió la orden de Trump con respecto al covid, para incluir las vacunas y los equipos de tratamiento.


En marzo de 2021, designó a las baterías de los coches eléctricos como productos bajo la jurisdicción de la APD, lo que le autoriza a expropiar las zonas en las que se ha detectado litio, cobalto y níquel dentro de las reservas indias.


En mayo de 2022, el presidente Biden utilizó la Ley de Producción para la Defensa contra la escasez de “infant formula”, provocada, a su vez, por la escasez de magnesio. Así es como un producto sustitutivo de la leche materna se ha convertido en una cuestión de Defensa Nacional.


Finalmente, el 6 de junio de 2022, Biden ha decidido que la “energía limpia” es un producto que cae bajo la jurisdicción de la APD. Es decir, los paneles solares y los molinos de viento, como los tanques y los portaaviones, son considerados esenciales para la Defensa Nacional y, por tanto, el presidente está autorizado a obligar a las empresas a producirlos y a emplearlos.


No me podrán negar que todo esto recuerda “ligeramente” a la “Batalla por el Trigo” de Mussolini y, también, al Gran Salto Adelante de Mao.


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