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Los ERTE, cuando el trabajador cae del cielo al infierno

3-5-2022. En general, los expedientes de regulación temporal de empleo (ERTE) han demostrado ser una medida muy eficaz para ayudar a muchas empresas sobrevivir y mantener en sus plantillas a sus trabajadores durante la pandemia. Gracias a que el Estado se hace cargo de sus sueldos durante un período de tiempo determinado se ha evitado una avalancha de despidos y de cierres empresariales.


En febrero, la cifra de trabajadores en ERTE todavía se situaba en 104.363, según los datos que facilitó el pasado viernes el Ministerio de Seguridad Social, lo cual certifica el positivo resultado de esta fórmula de protección del empleo.

Sin embargo, la recuperación de la actividad empresarial está produciendo un curioso efecto colateral: algunos trabajadores que todavía están acogidos a un ERTE se sienten atrapados. Están hartos de sus condiciones.

Aunque no gastan paro, sus ingresos se van reduciendo progresivamente sin poder realizar otros trabajos. De este modo, muchos preferirían liberarse de él optando por el despido con la debida indemnización, y las percepciones del seguro de desempleo, al reducirse la retribución que le garantizaba la Seguridad Social.

La prestación se calcula, no sobre el salario total, sino sobre la base reguladora de Seguridad Social. No perciben el 100% de la base, sino el 70% en los primeros 180 días y el 50% en adelante.

Los trabajadores están en todo su derecho de irse, pero eso supondría renunciar a las indemnizaciones por despido improcedente por lo que algunos creen haber caído del cielo al infierno.

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