Los inversores temen los efectos de la inflación en los países emergentes

7-4-2022. A finales de 2021, Christine Lagarde, presidente del Banco Central Europeo, todavía insistía en que la inflación era transitoria y que su análisis apuntaba a un descenso de los precios para este año. Menos de tres meses después reconocía que habría picos del 7% en la zona euro y una inflación media superior al 5%. Estas últimas previsiones se han quedado obsoletas y la inflación en Europa ya supera esta cifra pico ante las tensiones añadidas por la invasión de Ucrania.

Pero esta miope visión de lo que estaba sucediendo no era un mal solo en Europa. Muchos otros líderes también habían caído en esta tela de araña del exceso de optimismo. El propio Jerome Powell solo empezó a recomendar dejar atrás la palabra “transitoria” a finales de noviembre de 2021 tras las fuertes críticas de muchos analistas.

Tiene el mérito, eso sí, de haberse adelantado en unos meses a su homóloga europea, cuya principal misión, por cierto, es proteger al sistema europeo de la inflación. Más allá de buscar culpables para la inacción, lo que ahora corresponde son tomar medidas urgentes y eficaces para contener la escalada de los precios. En España, por ejemplo, el IPC se ha disparado en marzo al 9,8% frente al 7,3% en Alemania. En la zona euro ha alcanzado el 7,5% con la consiguiente pérdida de poder adquisitivo de sus ciudadanos.

Una escalada que también está comprometiendo al resto del mundo y amenaza con una alta inestabilidad global que tan solo puede llevar a agravar el problema. Los analistas ya observan con extrema preocupación a los mercados emergentes. El efecto dominó ante la subida de los precios provocada por el bloqueo a Rusia podría tener un impacto de alto alcance en las economías en vías de desarrollo.

De hecho, hasta aquellos países exportadores netos de materias primas podrían verse abocados a los problemas ante una posible caída de la demanda. Una cuestión relevante, muy a tener en cuenta por los inversores en bonos en los próximos meses.

Grandes sombras sobre los países emergentes no exportadores

En cambio, para los países emergentes con menor renta y fuera de ese círculo de la exportación, la situación puede ser aún más crítica tanto por la menor competitividad como por la llegada de menor inversión y la reducción de compra de sus bonos si la rentabilidad no compensa los riesgos.

Como explican los analistas de Schroders, “la energía y los alimentos suelen representar una parte mayor de los índices de precios al consumo (IPC)”. India puede ser un ejemplo es especialmente vulnerable, ya que los alimentos representan más del 50% de la cesta del IPC. Para muchos países emergentes, la proporción de la cesta del IPC se sitúa entre el 20% y el 40%".

En un reciente informe sobre los efectos de la guerra en los mercados emergentes de la región EMEA (Europa, Oriente Medio y África), S&P Global Ratings apunta a que las perspectivas económicas se han ensombrecido, de forma que ahora se espera "un crecimiento más débil, una mayor inflación y unas condiciones de financiación más estrictas".

"Aunque las implicaciones totales son muy inciertas, las principales repercusiones serán el debilitamiento del comercio, de las condiciones de financiación y la confianza de los inversores y consumidores, así como el aumento de los precios de la energía", destaca S&P, que recuerda que "la Europa emergente está especialmente expuesta a las consecuencias del conflicto” debido a su proximidad geográfica y su alta dependencia económica de Rusia y Ucrania.

El alza de precios puede provocar un recorte de la demanda de materias primas

Los expertos de esta firma destacan también que el aumento de los precios de la energía y de los alimentos "está añadiendo importantes presiones inflacionistas", y la debilidad de los tipos de cambio "agrava estas tendencias". Por ello, han decidido recortar más de un punto porcentual su anterior previsión de crecimiento del PIB para Polonia y Turquía.

Para el resto de los países emergentes de EMEA, “el panorama es mixto", y es que "los vínculos comerciales directos con Rusia son, en general, limitados, mientras que el repunte de los precios de las materias primas está beneficiando a algunos exportadores, como Arabia Saudí (petróleo) y Sudáfrica (mineral de hierro y metales del grupo del platino)".

No obstante, la desaceleración del crecimiento mundial y el golpe a la confianza "pueden limitar estas ganancias". Además, explica S&P, las economías que exportan diversas materias primas, pero importan petróleo, como Sudáfrica, "se enfrentan a una mayor factura de importación de petróleo y a un aumento de los precios internos de la energía. El aumento de los precios de los alimentos y la interrupción del suministro de alimentos son riesgos importantes para el Norte de África".

En su opinión, un conflicto prolongado que provoque interrupciones más graves en el comercio, las cadenas de suministro y, posiblemente, el suministro de energía "es un riesgo clave para los mercados emergentes de la región".

Todo ello está provocando un importante incremento del rendimiento ofrecida por la deuda soberana de los países en desarrollo frente a los bonos del Tesoro de Estados Unidos, que en algunos casos se cifra en más de 5 puntos. Un umbral solo superado en dos ocasiones en la última década. Eso está atrayendo al dinero en busca de rentabilidad a costa de asumir un mayor riesgo, lo cual puede ser el primer paso hacia una nueva crisis como la sufrida en 2008 con las “subprime”, advierten los expertos.

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