Mercado eficiente y otras pamplinas. El mono Merlín acertaba más que las agencias de inversión

Actualizado: 11 feb

A principios de la década de los 60 del pasado siglo, el economista Burton G. Maikel publicó uno de esos raros libros de economía que tienen éxito editorial general: “Un paseo aleatorio por Wall Street”, en el que formulaba la curiosa teoría de que la Bolsa de Valores era un “mercado eficiente”.


Que la Bolsa sea un “mercado eficiente” significaría que los precios de los activos financieros reflejan, exactamente, las características de estos activos (a saber: rendimiento esperado, riesgo de inversión, liquidez y tratamiento fiscal). No hay engaño posible y, para esto, no es necesario que todos los agentes del mercado conozcan perfectamente esta información: basta con que exista un “número suficiente” de personas que conozcan la información relevante y, con sus compras y sus ventas, hará variar el precios del activo conforme a sus características reales. De esta forma, los que no estamos informados, o no tenemos capacidad ni acceso a los análisis técnicos pertinentes, solo podemos “confiar” en los precios.


Por tanto, como los precios reflejan ya todas las características conocidas de los títulos, resulta de todo punto imposible “ganar dinero” en Bolsa, a no ser que se “acierte” con un valor que sorprenda al mercado. A un mercado, recuérdese, con un número suficiente de personas altamente informadas y altamente preparadas.


Una forma diferente de Trading


Si toda la información está disponible y no hay “información privilegiada”, la única forma de “derrotar al mercado” es, simple y llanamente, la suerte. La única forma honrada, por supuesto… Maikel sentenciaba en su libro: “Se pueden obtener tan buenos resultados arrojando dardos a la página financiera del periódico, que estudiando detenidamente la perspectiva de cada empresa”.


En 1967, la revista Forbes sometió a prueba la Teoría del Mercado Eficiente de nuestro economista. Se dice (así lo cuenta la revista), que enseñaron a un mono, al que llamaron Merlín, a lanzar dardos contra la página financiera del diario New York Times. La empresa de Forbes invirtió 1.000 dólares en cada uno de los 28 valores en los que impactaron los dardos de Merlín: en total, pues, 28.000 dólares.


La revista mantuvo su “cartera de inversión” durante 17 años y, en 1984, cuando la liquidó, su valor ascendía a 131.697,61 dólares. Es decir, alcanzó una rentabilidad nominal del 370%, a lo largo de 17 años, que incluyeron, por ejemplo, la crisis de 1973. Una rentabilidad nunca igualada posteriormente

El Washington Post repitió el experimento con resultados análogos y también lo han hecho otros periódicos a lo largo y ancho del mundo (incluidos periódicos españoles). La magia de Merlín ha funcionado siempre e inexorablemente. Sin embargo, ninguna agencia de inversores se ha atrevido con él. Las comparaciones son odiosas.

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