Nyesa propone a la Junta una operación a imagen y semejanza de sus accionistas de referencia

Esta semana, Nyesa tiene previsto proponer a sus accionistas una especie de operación acordeón con la que busca alejarse del abismo de la liquidación y crear un nuevo entramado empresarial con nuevas incorporaciones de activos que puedan devolverla a la senda del crecimiento. Algo que algunos operadores ponen en duda y más tras verse obligados a valorar a cero su proyecto ruso de Marma, su principal vía de ingresos el año pasado, como consecuencia de la guerra en Ucrania.


Entre las primeras acciones a realizar propuestas en la Junta será la reducción del capital social en cerca de 70 millones de euros mediante la disminución del valor nominal a 0,00357 euros destinada a compensar pérdidas. Al mismo tiempo se acometerá una nueva reducción del capital en 15,7 millones de euros, reduciendo el valor nominal a 0,001 euros, para la dotación de una reserva voluntaria e indisponible durante cinco años.

Una vez completadas estas, el grupo procederá a realizar un “contrasplit”, agrupación de acciones, en la proporción de una acción nueva por cada diez antiguas. Una operación puramente cosmética; los accionistas tendrán diez veces menos acciones pero con un valor nominal diez veces superior; destinada a mejorar su imagen en Bolsa como chicharro.

A partir de ahí, el grupo inmobiliario realizará de nuevos varias ampliaciones de capital para incorporar a su entramado nuevas sociedades mediante suscripción no dineraria. Es decir, mayor dilución para los accionistas a la ya provocada por la reducción de capital para compensar pérdidas y provisiones.

Entre las sociedades que busca incorporar, consideradas como estratégica por Liberto Campillo, antiguo CEO y actual director de Expansión y Desarrollo de Nyesa, destacan dos centros deportivos, dos hoteles y una almazara. Todas ellas, según el "degradado" directivo, tendrán un valor conjunto entre 50 y 75 millones de euros.

Todas estas empresas, sin embargo, están ligadas al entorno de los propios accionistas, José Antonio Bartolomé Nicolás y Liberto Campillo, y al equipo directivo de la propia sociedad. Activos, que, según fuentes cercanas a la operación, estarían por encima de su valor real. Todas ellas, apuntan, han sido curiosamente tasadas por la sociedad Katra y asumidas por los expertos “Independientes” sin más.

El Ejido Hotel, cuyo actual propietario es Liberto Campillo, ha sido valorado, por ejemplo, en 5,27 millones de euros cuando todas las informaciones apuntan a que estaría en pérdidas. El centro deportivo, consistente en pistas de tenis y pádel, con un alquiler de 2.000 euros mensuales habría sido valorado en cerca de 2,5 millones de euros. Algo desproporcionado en cualquiera de los métodos de valoración que se utilicen.

La almazara, Elia Oil, estaría vinculada a los socios ucranianos de José Antonio Bartolomé, cuya tasación se habría elevado hasta cerca de 7 millones de euros. A ellas se sumaría Exit 4, una asesoría de empresas directamente vinculada también a los consejeros de Nyesa, cuya valoración se eleva a 3,7 millones de euros.

Por último, se ampliará capital por un importe de 17,7 millones de euros para capitalizar los créditos comprados al Sabadell con descuento por parte de Mariano Schoendorff, segundo mayor accionista de referencia al servicio de José Antonio Bartolomé Nicolás. Es decir, todo queda en casa, mientras la participación de los minoritarios continúa diluyéndose sin fin.

Una operación que, según algunos minoritarios, es carne de cañón para terminar en los juzgados, mientras la CNMV siga sin cumplir su objetivo de proteger a los pequeños accionistas. Todo ello después de reducir su valoración de los activos de Rusia a cero como consecuencia de la guerra, cuando en 2021 ha sido su principal fuente de ingresos.

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