Papel higiénico, leche desnatada y pobreza. La transición energética a ninguna parte

25-3-2022. En estos tiempos convulsos que vivimos (de pandemias, desabastecimientos, volcanes, más desabastecimientos, guerras en Europa, más desabastecimientos aún; o huelgas de transporte, con alarma de desabastecimiento total), resulta cada vez más imprescindible recordar que España es un país tremendamente rico, no sólo gastronómicamente hablando, sino también en términos de recursos naturales.


Poseemos, por ejemplo, reservas de gas natural sin explotar, suficientes para autoabastecernos durante 81 años. También está, en nuestro país, las mayores reservas de Uranio de la Unión Europea, que cubrirían indefinidamente las necesidades del actual parque nuclear español. Aún más, existen reservas sin explotar de petróleo, litio, tierras raras, cobre, coltán, wolframio…


Sí que se explota, en España, la magnesita (un mineral imprescindible, por ejemplo, para fabricar el acero): disponemos de un 25% de la producción mundial. Pero ahí queda: también existen reservas de monacita gris (imprescindible para las coches eléctricos, los robots de inteligencia artificial y los molinos de vientos), estimadas en 30.000 toneladas, es decir, el 60% de las necesidades de la Unión Europea para los próximos 10 años o, de nuevo, el 25% de la producción mundial.


España, uno de los países europeos con más recursos minerales


En general, se podría seguir la enumeración, España es el tercer país europeo con más recursos minerales y gasta 10.000 millones de euros anuales en recursos de los que tiene reservas confirmadas. Se prefiere importar el gas de Argelia y, cada vez en mayor medida y más cara, de Estados Unidos. O alimentar nuestras centrales nucleares con combustible de Rusia.


Efectivamente, de Rusia procede el 30% del combustible nuclear que consumen las centrales españolas; de China el 98% de las tierras raras que importamos; el 68% del cobalto, del Congo. Todo ellos, recursos de los que dispone nuestro país y, todos ellos, recursos prohibidos (tanto para su prospección como para la inversión en ellos) por la Ley del Cambio Climático y Transición Energética, aprobada en mayo de 2021.


Como decía, resulta interesante conocer estos datos, ahora que la factura de la luz y los precios de los carburantes, y todos los precios en general, andan por las nubes sin intención de volver a poner los pies en la tierra. Ahora que ya tenemos suficiente papel higiénico y acabamos con la leche desnatada (no va a ser que la guerra nos fastidie el régimen). En cualquier caso, ya saben: el único culpable es Putin, que no nos permite salvar el planeta.

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