Putin, las sanciones y el despótico gobierno de los dioses

11-3-2022. Desde que se generalizó el uso del “arma económica”, como si del “botón nuclear” se tratara, los Estados Unidos han aplicado sanciones a más de 50 países, que suman en total más del 27% del PIB mundial. Los embargos más duros, además del consabido de Cuba, se han dirigido contra Venezuela e Irán. Sin embargo, nunca en la Historia se ha aplicado la suficiente presión (si es que la hay) para derrocar un régimen. Venezuela, cuba e Irán han salido empobrecidos, pero sus gobiernos se han mantenido incólumes, contra viento, marea y sanciones.


Quizá por ello, Vladimir Putin no tomó en serio las amenazas económicas de Estado Unidos y de la Unión Europea, “acostumbrado” a ellas desde 2014 (con la anexión de Crimea) y ya con suficiente integración con China para minimizar sus efectos. De hecho, Rusia no ha alcanzado aún el PIB que tenía en 2013, pero sí el de 2008, antes de comenzar a notar la crisis financiera.


No obstante, por una vez en la vida, la Unión Europea se ha atrevido a lo que nunca se atrevieron los americanos: ha desconectado a Rusia del sistema global de pagos SWIFT (salvo para los pagos sobre el “comercio energético”). Quizá esto pueda parecer una nimiedad (“pellizcos de monja”), pero no lo es en absoluto, cuando advertimos que esto priva al Banco Central de Rusia del acceso a la mayor parte de su reserva de divisas, calculada en 630.000 millones de dólares.


Las sanciones económicas a Rusia funcionan, pero cambiarán el mundo para siempre


Por más que imaginemos a los Bancos Centrales al estilo de Fort Knox, con almacenes repletos de lingotes de oro, lo cierto es que no almacenan, ni pueden hacerlo, sus reservas de divisas, sino que las depositan en bancos comerciales a lo largo y ancho del mundo. Es aquí donde, de verdad, las sanciones han hecho daño a Rusia: el rublo ha caído un 30%, a pesar de la intervención del Banco Central de Rusia duplicando los tipos de interés (ahora en el 20%); y las acciones de las compañías rusas han perdido el 90% de su valor. Tal vez por ello, algunos oligarcas rusos (no relacionados con la industria del armamento) levantan la voz y, otros, simplemente, abandonan Rusia.


La activación de la alerta nuclear rusa y la relativa “vía de escape” de las pagos comerciales de la energía no consisten en otra cosa que la vieja doctrina de defensa, desarrollada durante de Guerra Fría, de la Destrucción Mutua Asegurada: es decir, convertir en irracional cualquier ataque ruso a la OTAN (o a la UE), por la seguridad de que, de hacerlo, Rusia también sería destruida.


En resumen, la sanciones económicas no protegen a Ucrania: protegen a Estados Unidos y la Unión Europea de una eventual “salida de tono” de Rusia, en las fronteras de la OTAN (a la que Ucrania no pertenece). De paso, muestran el camino a China que, por cierto, posee 3,3 billones de dólares en reservas de divisas, esparcidos por cientos de bancos que también están conectados por SWIFT.


Probablemente, a partir de ahora, más que “escudos antimisiles” o “guerras de las galaxias”, se desarrollarán sistemas de pagos alternativos y regionales (como ya lo han hecho Rusia y China, aunque, en estos momentos, se encuentra en estado embrionario) y criptomonedas oficiales que permitan disponer de los depósitos independientemente de los bancos comerciales.


Mientras tanto, como sentenciaba un irónico pensador inglés, “el mundo continúa esperando a que los hombres le rediman del despótico gobierno de los dioses”.


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