Rusia somos todos. Economía de la Guerra Fría

Actualizado: 25 mar

24-3-2022. Existe ya un amplio consenso en la tesis de que la guerra de Ucrania está acelerando notablemente la configuración de dos grandes bloques geopolíticos mundiales análogos, en cierta medida, a aquellos que protagonizaron la Guerra Fría.


Sin embargo, en este caso, el “bloque del Este” (formado por China, Rusia, tal vez India y sin olvidar a Vietnam o Corea del Norte) se compone de países con mucho más peso económico y tecnológico que el antiguo bloque del COMECON y sus aliados.


En los años sesenta del pasado siglo, los países más industrializados (todos ellos gobernados por democracias liberales) copaban el 40% de las exportaciones mundiales, mientras que la URSS rondaba el 4% y China no aparecía en las estadísticas. Fue a partir de la décadas de los ochenta y noventa, cuando los regímenes comunistas se agrietaron y Occidente se lanzó en tromba a fomentar la “liberalización” económica.


En 1990 se abrió el primer McDonald’s en Moscú y, entre 1985 y 2015, apenas veinte años, las exportaciones chinas a los Estados Unidos se multiplicaron por más de 100 (por 125, para ser más exactos)


Según datos del FMI y del Banco Mundial, los regímenes no democráticos representan, hoy, un 30% del PIB mundial: más del doble, por cierto, que en el apogeo de la Unión Soviética. En 2020, los gobiernos no democráticos invirtieron 9 billones de dólares en capital de equipo e infraestructuras; las democracias invirtieron 12 billones. Los países no democráticos recibieron mayor volumen de Inversión Extranjera Directa que las democracias, entre 2018 y 2020.


Las democracias sostienen a las dictaduras


Aún más, según las estimaciones del semanario The Economist, un tercio de las importaciones de las democracias procede de los países del bloque cada vez más antagonista a Occidente, comenzando por el petróleo, continuando por los microchips y acabando por las materias primas. A su vez, más de un tercio de la Inversión Extranjera Directa en los países no democráticos proviene de los países democráticos y, por ejemplo, las multinacionales estadounidenses emplean a más de tres millones de personas del bloque autocrático.


Por su parte, la República Popular China firmó en 2020 el RCEP, es decir el mayor acuerdo comercial del mundo (al que podría incorporarse, incluso, India), junto a Japón, Corea del Sur, Australia, Nueva Zelanda y los diez países de la ASEAN. Porque los bloques no atienden exclusivamente a elementos de “valores democráticos”: de hecho la ASEAN se ha convertido, así, en al mayor socio comercial de China, por encima de la Unión Europea. Por no hablar del progresivo acercamiento de India y China; o de la integración energética de esta con Rusia.


En fin, quizá atravesamos una época en la que se cuestionará, de nuevo, si la democracia es el gobierno más eficiente, o, al menos, el más deseable. Ya ocurrió en los años treinta del pasado siglo. Y el precio de la respuesta fue espantoso.


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