Salario, precio y planes de recuperación

Entre los años 2015 y 2019, el Banco Central Europeo compró activos financieros (deuda pública, bonos corporativos, bonos garantizados e, incluso, planes de pensiones) por valor de 2,63 billones de euros, en el marco del Programa Ampliado de compra de activos (conocido como APP). En 2020 se añadieron otros 330.000 millones, más 754.000 millones en el marco del nuevo Programa PEPP (Programa de emergencia frente a la pandemia). En 2021, las cifras quedaron, respectivamente, en 230.000 y 856.000 millones de euros.

Un total de 5,8 billones de euros (casi cinco veces el PIB de España) puestos en circulación, directa o indirectamente, sin respaldo real (en retórica economista: “respaldo fiduciario”). Y ello sin contar con el efecto de la expansión del crédito bancario o con la manipulación artificial del tipo de interés efectivo, al retirar activos del mercado, manteniendo la liquidez (es decir, manteniendo la misma liquidez en un mercado más reducido).


Podemos añadir, también, los hasta 800.000 millones aprobados por la Comisión Europea, para el Fondo de Recuperación para Europa (NextGenerationEU), que serán recaudados en los mercados de capitales (es decir, mediante deuda pública) y “pagaderos” a partir de 2026.


Fuera de Europa, a finales de agosto de 2021, el Fondo Monetario Internacional ejercitó la mayor asignación de su historia, en Derechos Espaciales de Giro, por valor de 650.000 millones de dólares, para “proveer de liquidez suplementaria al sistema económico mundial” (en palabras de Kristalina Georgieva, presidenta del FMI). De hecho, los Derechos Especiales de Giro constituyen el ejemplo canónico de “dinero creado de la nada”: se trata de una unidad de cuenta, pero no de intercambio (a no ser entre países “asignados”) y que, por tanto, genera su propio efecto multiplicador.


Y la culpa de la inflación, dicen, es de los salarios


No olvidemos, tampoco, a Estados Unidos, con el “Plan Biden” que, por valor de 1,85 billones de dólares, será financiado por medio de una subida de impuestos futura (o, si se prefiere, por la “confianza” en que la recaudación estimada esté a la altura del gasto prefijado). Y ello sin contar con el plan de infraestructuras del presidente norteamericano, por valor de 550.000 millones de dólares que, unido a la inversión normal anual, se convertirán en 1,2 billones de dólares en los próximos cinco años. En total 3,05 billones de dólares, o sea, más de dos veces el PIB español.


Por lo demás, el Banco Popular de China, la institución con mayores activos de la Historia de la Humanidad, reduce los tipos de interés (porque, creen, no hay suficiente dinero en circulación). Y ya a mediados de diciembre de 2021 habían reducido la exigencia legal de reservas obligatorias a los bancos, liberando, según estimaciones, 220.000 millones de dólares.


Si tenemos en cuenta que el PIB mundial en 2020 rondaba los 85 billones de dólares, estamos hablando de las especulaciones de los gobiernos con más de un 10% del total. Entenderá, entonces, que deba usted moderar sus exigencias salariales para el próximo año: no vaya a generar una “espiral inflacionista”.


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