Ucrania 2030 o la Declaración Universal de los Derechos del Gas Licuado

7-4-2022. Cuando Donald Trump propuso, no hace mucho tiempo, un plan de que incluía la implementación de infraestructuras de regasificación en Europa, para la compra del Gas Natural Licuado (GNL) de Estados Unidos, a un precio sensiblemente inferior al del gas natural de hoy, fue ampliamente ridiculizado y la prensa se cebó con su expresión de que el GNL norteamericanos estaba compuesto de “moléculas de libertad”.

La propuesta de la Administración Trump implicaba contratos a largo plazo, con precios asegurados a 2,64 dólares por millón de BTU (British Termal Unit). Hoy, Europa está pagando más de 40 dólares por millón de BTU: simplemente, al Unión Europea no podía comprometerse con una fuente de energía que, por entonces, no era “verde” y se centraba, como en el caso de los combustibles fósiles, en contratos a corto plazo, en espera de milagroso año 2030.


No obstante, el 25 de marzo de 2022, la Administración Biden y la Comisión Europea anunciaron un “proyecto innovador” para que Europa, al fin, se independice del gas ruso. Se trata, muy innovador el plan, de que Europa compre 15.000 millones de metros cúbicos de GNL a Estados Unidos durante este mismo ejercicio (lo que cubriría alrededor de un 10% de las importaciones europeas de gas ruso de todo el 2021).


Por lo demás, el Gobierno norteamericano, en un alarde de generosidad, se compromete a aumentar su exportaciones a Europa (queremos decir, a “asegurar la demanda”) por 50.000 millones de metros cúbicos de GNL, para el ejercicio… 2030.


En contra de la propuesta de su predecesor, el plan Biden no contempla inversiones en la infraestructura europea de regasificación, sin la cual, no es posible el aprovechamiento del GNL. Y, por lo demás, las inversiones en la propia infraestructura norteamericana están desligadas de la propuesta y sometidas, por cierto, a una gran incertidumbre por la oposición de algunos senadores demócratas.


El Gas Natural Licuado que inundará Europa


Las exportaciones de GNL de Estados Unidos a Europa constituían un 4% en 2017, pero llegaron a un 30% en 2021 (unos 22.000 millones de metros cúbicos). Por esta misma razón, los analistas opinan que la capacidad de licuefacción norteamericana ya ha alcanzado su límite, después de la detención de las inversiones provocada por el regreso de Biden a los acuerdos climáticos internacionales: no se olvide que la gran mayoría del Gas Natural Licuado de Estados Unidos proviene de la técnica de la fracturación hidráulica (fracking).


Se necesitarían, pues, cuatro o cinco años más para ampliar la capacidad, además de un fuerte cambio legislativo o, al menos regulatorio, de difícil gestión política en las circunstancias actuales.


Por otro lado, tenemos la infraestructura europea de plantas de regasificación. Curiosamente, la Unión Europea anda “sobrada” de capacidad, en este sentido, ara absorber, sobre todo desde España y Francia, esta ampliación de la importaciones de GNL. De ahí que el plan de Trump implicaba inversiones en gasoductos de interconexión para proveer a toda Europa desde el Sur. Francia se negó en redondo y Alemania, a día de hoy, no dispone de ni una sola planta de regasificación.


Mientras tanto, los beneficios de GazProm, la empresa rusa que suministra el gas a Europa, han alanzado este año (sí, este 2022), lo 20.500 millones de dólares. Es decir, el mismo montante que todos los beneficios que obtuvo durante todo el ejercicio 2021.


Ya uno no sabe si Europa y Estados Unidos defienden a Ucrania o, simplemente, quieren llegar a 2030.


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