Verdes las han segado: la carrera por las materias primas verdes. Una cuestión de Estado

18-2-2022. Verde que te quiero verde, según el Plan de la Administración Biden, la mitad de las ventas de automóviles, en 2030, serán ventas de coches eléctricos, alcanzando el “net zero” (cero emisiones netas de carbono) en 2040.

Esto significa muchas cosas y puede ser mirado desde muchos ángulos. Uno de ellos, que se lo pregunten a Elon Musk, apunta a que, en un futuro tan cercano como ahora mismo, Estados Unidos tendrá que demandar mucha mayor cantidad de Litio, Níquel, Cobalto y Cobre. Es decir, los materiales de los que están hechos los sueños… Quiero decir, de los que están hechas las baterías eléctricas. La IEA (Agencia Internacional de la Energía, por sus siglas en inglés) estima, a partir de aquí, que, en 2040, la demanda de litio se multiplicará por 40, y la de cobalto y níquel lo hará por 20.


A nadie sorprenderá saber que Estados Unidos dispone de importantes reservas de estos cuatro minerales. Sin embargo, el 97% de las reservas de níquel, el 89% de las de cobre, el 79% de las de litio y el 68% de las de cobalto se encuentran en los 225.000 kilómetros cuadrados repartidos en 326 “reservas indias”, asignadas a un millón de nativos americanos.


Quizá por ello, el Departamento de Energía de la Administración Biden ha comenzado a promulgar la idea de que asegurar el suministro de materias primas (y, sobre todo, reducir la dependencia de China al respecto), se ha convertido en una cuestión de “seguridad nacional”. Y ya sabemos lo que ocurre cuando el Gobierno de los Estados Unidos utiliza esta expresión.


El cambio climático, cuestión de seguridad nacional


Estamos, pues, a un paso, si es que no lo hemos dado ya, de convertir el “cambio climático” (es decir, las nuevas materias primas demandadas en la “lucha” contra el mismo) en una cuestión de seguridad nacional, que no augura un futuro prometedor a los nativos americanos y que se está transformando en una competencia feroz por las cadenas de suministros de estas materias primas.


En cualquier caso, todo el mundo sabe (o, al menos, el que lo sabe) que, a día de hoy, la tecnología existente no alcanza para satisfacer las demandas de la “agenda climática”: las baterías de los automóviles eléctricos son claramente insuficientes, como lo es el rendimiento de las células fotovoltaicas, por no hablar de los molinos de viento (que efectivamente, mi señor Don Quijote, no eran más que gigantes agitando sus brazos).


Por cierto, el procesamiento del litio o del cobalto es tan contaminante como la fracturación hidráulica (fracking) y los plazos tan agresivos que se están marcando los gobiernos, con sus correspondientes procesos de contratación, están desincentivando, con mucha fuerza, la investigación sobre nuevas tecnologías que pueden llegar a ser más eficientes (o, al menos, suficientes). Del mismo modo que desincentivaron, si no penalizaron, las inversiones en investigación de energías que no se consideraban “verdes”. Y así estamos.

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