¡Vivan las cadenas!... De suministro

Resulta de sobra conocido que el mayor fabricante de semiconductores para microchips del mundo es, de largo, la empresa TSMC (Taiwan Semiconductor Manufracturing Company). Como su propio nombre indica, entonces, además de fabricar los microchips más avanzados, se dedica, al contrario que otras grandes empresas, a la fundición de silicio, el elemento semiconductor de los circuitos integrados.


En el gigante asiático, la fundición de silicio incorpora la tecnología de láser Extremo Ultra Violeta (EUV), a partir de las máquinas proporcionadas por la empresa holandesa ASML Holdings, filial de otro gigante, Phillips, desde 1917. Por cierto, estas máquinas se fabrican a partir de componentes japoneses y británicos de cerámica técnica, y de diseños técnicos del MIT, así como del proceso de soldadura con estaño, creado en California. Todo esto sin contar con el hecho fundamental de que la materia prima, el silicio, está controlada abrumadoramente por el acérrimo enemigo de Taiwán, o sea China, con un 70% de la producción mundial.


Por tanto, se entenderá que la oferta de microchips resulta extremadamente inelástica (rígida). La propia TSMC estima un período de cuatro años, bajo las condiciones actuales, para instalar una fábrica de microchips plenamente operativa. Y, de momento, las previsiones de construcción de estas fábricas en Estados Unidos o Europa son solo eso: previsiones.


Microchips electrónicos vs microchips automovilísticos

Por lo demás, dentro de los múltiples usos de los circuitos integrados, existen dos que sobresalen por su peso económico. En primer lugar, la utilización en las tecnologías de la información (ordenadores, “nubes”, dispositivos de telefonía móvil, “granjas de minería”, quién nos lo iba a decir…), cuya demanda se ha disparado no solo por causa de la generalización del trabajo, o por la “explosión” del cloud (al fin y al cabo, el servidor de otro) o la minería de criptomonedas, sino, sobre todo, a causa de los mil millonarios planes de subvención por buena parte de los gobiernos mundiales de la “transición digital” de la economía, incluida en la cada vez más influyente Agenda 2030.


En segundo lugar, los microchips son cada vez más utilizados en la industria automovilística, con una demanda incrementada exponencialmente por los planes de “transición ecológica”, o “Planes Verdes”, que incluyen, en lugar preminente, la cuasi imposición del coche eléctrico como vehículo personal.


Estos dos usos implican la fabricación de dos tipos diferentes de obleas de semiconductor y, por tanto, la capacidad industrial y financiera que se dedica a uno de ellos, se resta del uso alternativo. Y es la propia TSMC la que fabrica el 90% de los semiconductores utilizados en los chips para electrónica y, a su vez, el 65% de los utilizados para automoción.


De ahí las presiones de los gobiernos (Europa y USA) para que se conceda más peso a las automoción que a la electrónica. Y puede que, de ahí, el renovado interés de China en controlar por completo la cadena de valor más importante de la economía mundial.


Mientras tanto, nos siguen mareando con teorías geopolíticas.


41 visualizaciones0 comentarios